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Palha
 
 


Nos ha dejado Don Fernando Pereira Palha. No va a haber otro como él. Un ganadero con todo lo que esa palabra debe seguir significando. Lástima no haber podido tener una conversación con él. Los que han podido tener ese placer, son envidiados. En unos tiempos en los que la fiesta tiene mucha mentira, se va a echar mucho de menos a alguien como el ganadero portugués.
 

El primer conocimiento que tuve sobre su ganadería fue, en aquel Ibertoro de 2001 en Zaragoza, en un stand de Vall de Uxó. Regalaban un libro en el que se podía ver cómo tenían anunciado un toro de María do Carmo Palha para soltarlo en sus calles. Era un ensabanado capirote en castaño. Una preciosidad que, con su belleza, hacía que despertara el interés en conocer esa ganadería.
 

Más adelante, en la serie televisiva "Tierra de toros", las imágenes de la finca "Quinta da Foz" demostraban la inigualable belleza de unos toros que no se parecían a ningún otro. Eran diferentes a todo. Un deleite para la vista. Había que conocer qué ganadería era esa.
 

Las fotos de los ejemplares que se lidiaban en Céret eran una muestra más de lo que esta ganadería simbolizaba. Primero porque eran imágenes que recordaban a las estampas de siglos atrás, y segundo porque si lidiaba en esa plaza, significaba que era algo que merecía mucho la pena ver.
 

Y llegó 2005. La casa Chopera compró una corrida de Don Fernando para el Concurso de Recorte Libre del Pilar. Por cómo había sido el concurso de 2004, se planteó suprimir esta modalidad para la feria de 2005. Pero se le dio una segunda oportunidad. Un ensabanado capirote en colorado, un ensabanado capirote en negro, un berrendo en negro lucero, un jabonero, un negro y un espectacular berrendo en jabonero. Estuvieron en los corrales de Illumbe y vinieron a Zaragoza. El resultado fue extraordinario. Salvó el concurso. Detalles y comportamientos que transmitían una emoción que ningún otro hierro lo había hecho hasta entonces. Eran diferentes. Enhorabuena a quien apostó por este hierro para los concursos de recortes.
 

Ese invierno, organizada por la Peña Taurina Peñaflorense, hubo una charla con dos ganaderos con un origen similar en cuanto a encaste. Prieto de la Cal y Fernando Palha siguen siendo aún, de los pocos reductos que quedan de lo veragüeño/vazqueño. Un placer escuchar de su propia voz la historia del origen de su ganadería, con el paso obligado por la vaca "Chinarra".
 

En 2006, repitió y hubo mucha gente más en el tendido que los dos años anteriores. Tres jaboneros, dos negros y un ensabanado. Uno de los negros protagonizó el desencajonamiento desmandándose y arrancándose de lado a lado de la plaza. Y en el concurso, el jabonero de la final, saltó al callejón persiguiendo, después de llevar tiempo en la plaza ya. Casta, casta y más casta. Eso es Palha.
 

El juego de sus toros en 2005, le abrió las puertas de poder lidiar en La Misericordia un par de novilladas en el primer ciclo en 2006 y 2007. El juego, mitad no fue el deseado, mitad no se entendió. El comportamiento fue diferente a lo que se está acostumbrado a ver. A este lado de los pirineos, no se saben apreciar esos matices que resultan interesantísimos. Sin embargo, el festejo popular, se rendía a los vazqueños portugueses.
 

En 2007, la corrida no estaba presentada a la altura de las anteriores. Tampoco su juego fue el mismo. Son las consecuencias de una ganadería tan corta. Unos años hay toros, otros no. Fue su último concurso en ese ciclo de tres temporadas consecutivas. Tres años que sirvieron para ver que, si se podía, Palha tenía que ser la ganadería por excelencia para los Concursos de Recorte Libre.
 

Ya no pisó ningún vazqueño de Palha, la arena de La Misericordia hasta 2011. Una empresa es clave, desde entonces, en lo que ha supuesto Palha en el festejo popular, Toropasión. De la mano de los riojanos, en su tercer año en el Pilar, volvió a Zaragoza Don Fernando Pereira Palha, con toda la gloria posible. "Queimo", "Primojulieto", "Obreiro", "Aspirante II", "Tanjerino" y "Lareiro". 48, 46, 52, 55, 50 y 42. Un corridón de toros. Servidor se acuerda del nombre y número de los seis. Más de dos años cuidados con mimo en la finca de Alfaro. Un concurso que nunca se olvidará, con el protagonismo máximo de los seis toros que saltaron a la arena. "Lareiro" fue el protagonista de la campaña publicitaria de aquella feria. La mejor manera de representar lo que suponía Palha. Ese toro era un símbolo. Era y es.
 

Las diez mil personas que abarrotaron los tendidos, grada y andanada, al acabar el concurso, se rindieron a los pies del ganadero. Toropasión homenajeó al ganadero. Salió a recoger al albero el reconocimiento de una afición entregada a sus toros. Él, que seguramente querría ver lidiar sus toros en corridas, tuvo su mayor satisfacción en el festejo popular. Una plaza de primera se llenaba para presenciar un festejo con sus toros, y además, estaban encantados con su juego. Don Fernando veía reconocido el esfuerzo de más de treinta años, en un festejo taurino. Él, agradecido y emocionado, lanzó su sombrero de ala ancha a la arena, en señal de respeto y agradecimiento. En las corridas no han querido sus toros, en el festejo popular, los adoran. Fue realmente emocionante, que una plaza de primera, reconociera así a un ganadero, que siempre fue fiel a sus principios.
 

"Lareiro" se podría decir que es el icono de lo que es Palha. Un ensabanado capirote en negro, carinevado o caripintado, alunarado y botinero. Por ello emprendió el viaje de vuelta a Portugal. Volvió a saltar a una plaza en la apuesta por las anillas en Portugal de Toropasión en Vila Franca de Xira. Un viaje inolvidable en lo personal, porque además del festejo en sí, poder entrar en los cercados de alcornocales de la ganadería, fue algo por lo que sentirse privilegiado. No es una finca bonita, pero es una finca que contiene un tesoro. Por eso, uno siente estar en un sitio de culto, para cualquier aficionado taurino. Ahí "Lareiro" padrea ahora.
 

Ha habido más "palhas" en La Misericordia, pero ya no de la importancia de aquel 2011. Solo tres saltaron en el concurso de 2014. Los demás han sido lidiados con las bolas de fuego, amén de alguna exhibición de saltos. Han dado juego extraordinario y siguen siendo el hierro que mayor disfrute puede darle al aficionado a esta disciplina. Lástima que, en ganadería tan corta, su presencia no les permitiera ser jugados en el concurso bueno. Las cortas camadas hacen que sean escasos los años que haya toros de la presencia que se requiere.
 

Y ahí, se puede entrever una de las pruebas de honradez de Don Fernando. Desde 2005 tiene un mercado potencial en los festejos populares brutal. Festejos de los que no renegó, lo que le honra también. Pero este señor ganadero, íntegro del sombrero a los botines, primero mantiene su lealtad a Toropasión y solo los riojanos adquieren sus productos. Y segundo, pudiendo dejar para madres todas las vacas de cada guarismo y así tener camadas mucho más largas, siguió fiel a sus principios. Muchos lo hubieran hecho. Negocio asegurado. Él no.
 

Se ha ido un caballero portugués, pero su legado perdurará mientras siga habiendo vazqueños con la flor en el anca. Mientras haya aficionados que tengan que pensar dos veces cómo definir el pelaje de las pinturas que creó y crió. Habrán de honrar los hijos de "Lareiro" a la memoria de un ganadero que ha sido historia de la tauromaquia. Don Fernando de Castro Van Zeller Pereira Palha.
 

* En esta web, los textos siempre van sobre otro fondo. Este tenía que ir, no en negro sobre blanco, si no en berrendo en negro.

Víctor Manuel Giménez Remón

 



    Página publicada en Zaragoza a 1 de Abril de 2006
    Responsable de la página: Víctor Manuel Giménez Remón
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