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Sin esencia
 

Acaban los encierros de San Fermín. Ocho mañanas este 2018, de prácticamente nada. ¿Por qué? Se pueden analizar muchos aspectos. Con mesura, mejor. Recurrir a los tópicos, es el camino fácil. Algunas críticas se repiten una y otra vez, sin analizar si hay base o no. La parte de razón, no puede llevar a generalizar y hacer un todo de una parte.

 

Que la idea es que el encierro, cada vez, sea menos peligroso, es innegable. Los que lo controlan, buscan que todo esté lo más controlado posible, valga la redundancia. Bueyes supersónicos, antideslizante, limitar la zona donde se empieza a correr y mayor control en el acceso al recorrido. Hay otras cosas que ya las ponen muchas ganaderías, sin que se lo pidan. Toros aburridos de correr juntos en la finca, bastantes hierros sin malas intenciones y las dichosas bolas en las puntas de los cuernos. Sumando todo ello, se tienen muchos factores a favor para disminuir el riesgo.

 

Se tendría que palpar en los toros, que quieran coger. La mejor muestra es la Cuesta de Santo Domingo, ya que ahí están frescos y sin agobios. En el momento que empiezan a ver gente, en todos los encierros debería haber algún toro que se adelantara y derrotara, buscando a ambos lados. Eso es querer coger. O que cuando ya se les empieza a agobiar en la Estafeta, y tengan a alguien por la oreja, le tiren la cornada para quitárselo del medio. Pararse o desviarse para embestir, también deberían hacerlo.

 

Esta perdida de autenticidad es algo que no solo sucede en los encierros, pasa con todo en la sociedad. La comida sin grasa, la leche sin lactosa, el café sin cafeína, la vida sin gracia y el encierro sin esencia. La esencia del encierro es que haya peligro, que haya emoción. Si lo que se busca es que sea un espectáculo de Disney para todos los públicos, es un error que se acabará pagando. No se puede intentar edulcorar lo que es brutal, que tiene que encoger el corazón.

 

El que no es entendido y que se acerca a la tauromaquia, de manera puntual, una vez al año, para ver los encierros, lleva en su subconsciente que el toro de lidia es un animal peligroso, que da miedo. Si lo que ve cuando cuando pone el encierro es a seis animales esquivando a la gente, apartando la cabeza para no tocarlos, no hay esencia, ni hay un por qué.

 

Como se busque adaptar el encierro a la sociedad actual, que está totalmente idiotizada, se acabarán sacando animales amaestrados, con los cuernos protegidos y será una representación de lo que antaño era un encierro de toros de lidia. El encierro de verdad es tragedia, guste o no.

 

Ahora bien, el factor suerte o casualidad, influye, y mucho. En 2018 se han alineado los astros para que haya ocho encierros clónicos. Manadas compactas que han sido un rayo. Atropellos y poco más. Se ha sacado el dato de que en 1984 hubo el mismo número de corneados, únicamente dos. Y claro, si se ponen como ejemplo los encierros de los años 80... Es decir, años en los que no ha pasado nada en los encierros, los hubo ya en épocas que se anhelan. Será que el paso del tiempo, en muchas ocasiones, hace ver todo mejor, de lo que realmente fue.

 

Que los toros no hayan pegado ni una mirada, no es culpa del antideslizante. Tendrá más que ver con que lo que llevan dentro, cada vez tiene menos dosis de casta. Cada vez tiene menos parte salvaje el toro. El antideslizante se lleva echando hace años ya. Con el antideslizante, se pudo vivir un encierro de Cebada Gago en 2016 caótico. Si quieren los toros, la lían. Por mucho que se intente controlar lo que se quiera. Al final, un toro puede decidir que no sigue las normas.

 

Que se sepa, tres de los ocho hierros, no corren a sus toros: Escolar, Cebada y Miura. Y nada de nada, ninguna de las tres. Caídas ha habido y ningún toro ha hecho por pararse y embestir. Faltará casta, cierto. Pero no es menos cierto que, ganaderías duras en la corrida, han corrido el encierro, este año y anteriores, sin crear apenas peligro. No hay manera de descifrar la gran mayoría de los porqués.

 

El encierro de Pamplona es un mundo a parte. Es muy posible que con patas blancas, Cuadri o Prieto de la Cal, todas con amplio historial en dar guerra en los encierros, se verían carreras ingobernables. O igual no, vaya usted a saber. De la misma manera, con antideslizante, con bueyes voladores y con todo lo que hay ahora, Cebada, Miura, Escolar y Jandilla, la podían haber liado. Y entonces, nadie diría que los encierros cada vez son más aburridos.

 

El problema, como se ha dicho, es que quienes controlan el encierro, no tienen problema en poner los medios necesarios para cercenar la esencia del encierro. Y eso, si además salen encierros como los de este año, hace que llegado el final de San Fermín, se piense en que algo hay que cambiar o simplemente, no cambiar lo que se ha cambiado. Es una pena, que desde dentro del mundo taurino, se hagan cosas que hagan perder la esencia. En Aragón, a algunos desde dentro, hace algunas décadas, se les ocurrió la idea de despuntar las vacas. Se cargaron parte de la esencia que se sigue manteniendo en Navarra (sin haber más cornadas que en Aragón). Que desde fuera lleguen medidas así, se entiende, que salgan desde dentro, produce rabia y tristeza.

 

Que el antideslizante evita caídas, sí, pero no todas. Que los bueyes ahora abren más la manada, sí, pero tampoco evitará eso que se quede un toro. Que ahora corren a los toros y tienen más instinto gregario, sí, pero aún así se puede quedar alguno o adelantarse. En definitiva, todo suma y lo complica, pero al final, por mucho que se intente, siempre acabará surgiendo algo que se escape al control. Este año no ha sido, pero ya será. Bueno, eso si no se controla más aún todo lo que conlleva el encierro y la crianza del toro sigue degenerando, perdiendo su instinto, en busca de la nobleza.

 

De todas maneras, las ocho mañanas mágicas del siete al catorce de Julio, en la capital navarra, están por encima de todo. Y todo aficionado taurino (hasta los ilusos que dicen que sin corrida no hay encierro) está deseando que lleguen las ocho de la mañana del siete de Julio de 2019. El encierro, es el encierro. Ya falta menos.

 

Víctor Manuel Giménez Remón

 

 



    Página publicada en Zaragoza a 1 de Abril de 2006
    Responsable de la página: Víctor Manuel Giménez Remón
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