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Una historia
 

 

Las vaquillas del Pilar, son mañanas de fiesta y diversión. Pero son un festejo taurino, lo que implica riesgo. La gran mayoría de cogidas, quedan en el revolcón y las magulladuras. Son las menos, pero las hay, las cogidas que son graves. Tristemente en 2014, un fallecimiento nos enseñó la cara más dura de estas fiestas. Cuando acaba el Pilar, y con él la temporada taurina, ya nos olvidamos de los percances. Sin embargo, los hay que acarrean un largo tiempo de convalecencia.
 

La historia que se va a relatar ahora es para poner los pelos de punta. Pongamos en antecedentes. 15 de Octubre de 2010. Duodécima vaca de la mañana, la Nº 126 "Faisana" de Santos Zapatería. En una subida al tablao, alcanzó a un chaval, bajó con él cogido y le dio un golpe muy fuerte en la cabeza al caer en la arena. La plaza se consternó al ver que había sido seria la cogida. Fue trasladado a la enfermería. Lo más que se supo ese día, y en los posteriores, es que su situación era muy grave.

Lo publicado en esta web entonces fue esto:

Al acabar el Pilar, llega el olvido. Nada más se sabe de esos heridos. Sin embargo, siempre se recuerdan algunas cogidas, las más aparatosas, y uno se pregunta qué sería de aquellas personas con preocupación. Pues bien, como Zaragoza es un pueblo, casualidades de la vida (no tan casual si se tiene un hermano al que conocen y conoce a tres cuartas partes de las personas empadronadas en Zaragoza), Ronny fue arbitrado, en un partido de fútbol sala, por un Giménez Remón, de nombre Miguel.
 

Entabló conversación con él y tras confirmarle que era él mismo, se interesó por su historia. Al ser un chaval que le gusta jugar a fútbol sala, encajaba hacerle una entrevista para el suplemento "Afición" de Heraldo de Aragón, con el que colabora. Ahora es cuando viene una historia que merece la pena conocer. Esta es la entrevista íntegra:

En primer lugar, cuéntame dónde naciste. Si no naciste en España, dime a qué edad viniste.

Muy buenas, soy Ronny y nací hace 26 años (26/01/1990) en la capital de Ecuador (Quito), aunque llevo viviendo en España desde que tenía 13 años, prácticamente la mitad de mi vida.
 

Cuéntame cuándo empezaste a jugar a fútbol y tu trayectoria como jugador.

Juego al fútbol desde que tenía uso de razón, y la verdad es que guardo muy buenos recuerdos de este deporte, destacar alguno en especial es difícil, aunque recuerdo con mucha alegría mi primera medalla de campeón intercolegial a los 6 años al marcar el gol que le dio la victoria a mi colegio en una final.

Desde siempre he procurado jugar, ya sea en alguna olvidada calle sin asfaltar de mi país hasta en recintos organizadores de pequeños eventos futbolísticos.

Cuando llegué a España en 2003, como cualquier niño, estaba ansioso por jugar y conocer el estilo de juego que llevan aquí. Es muy bueno, no lo voy a negar. Un par de meses después de llegar, tuve la oportunidad de formar parte del equipo alevín Atlético Delicias, donde jugué poco más de una temporada.

Al cumplir 16 tuve la oportunidad de formar parte, junto a mis primos, de un equipo de fútbol sala, al que llamamos Estudiantes, mismo nombre del primer equipo que formamos cuando éramos tan solo unos niños en Ecuador. Nuestra primera temporada nos costó un poco, pero en la segunda y tercera temporada alcanzamos un buen nivel llegando a primera división, después de haber quedado subcampeones en segunda.
 

¿Qué pasó el 15 de octubre de 2010?

Una fecha que nunca olvidare, y que a la vez me es imposible recordar.

Mi familia me describe aquel día como un día de fiesta, en el que mis primos y yo decidimos pasar un rato agradable corriendo delante de las vaquillas en la plaza de toros de La Misericordia de Zaragoza. Pero nadie imaginó que una cogida iba a resultar tan grave.

Era la primera vez que iba, no había bebido, tal vez me sentía seguro sobre la tarima de la plaza, pero el astado subió a ella y me alcanzó, me levantó un par de metros en el aire y caí inconsciente con tan mala suerte que volvió a embestirme hasta en dos ocasiones más, lo grave fue que me pisó la cabeza y el hombro, me provoco un traumatismo craneoencefálico severo, me rompió la clavícula derecha. La rápida actuación de mis primos, el resto de los corredores y los sanitarios fueron vitales. En poco más de una hora ya estaba en el Hospital Miguel Servet, y mi madre estaba firmando la autorización a los médicos para poder operarme e intentar salvar mi vida. Cada segundo contaba ya que la hemorragia y la inflamación cerebral eran graves. Durante la operación tuvieron que reanimarme, ya que mi corazón se paró, después de varias horas y de haberme extraído una parte del cráneo me estabilizaron sin ninguna esperanza, había quedado en coma. Aquella noche dejaron pasar a mi familia a la UCI para despedirse ya que era muy probable que muriera de un infarto a causa del dolor.

Lo que empezó como un día de fiesta y diversión termino convirtiéndose en uno de los peores días que haya vivido mi familia.
 

¿Cuánto tiempo estuviste en coma?

Los médicos recomendaban paciencia a mis padres, diciéndoles que tardaría por lo menos un año en salir del coma. Eso si llegaba a salir claro, pero nuestra fe en Dios se hizo patente.

Cuando la ciencia y la medicina hicieron todo lo que estaba en sus manos, el amor de Dios se derramó en mi vida, trayéndome de vuelta tan solo tres semanas después, fue increíble ver la cara de sorpresa de todos los que me rodeaban. Los médicos no salían de su asombro, pero solo podía moverme de cuello para arriba. Tampoco podía hablar y no recordaba a nadie, más que a mi familia.
 

¿Cuánto tiempo, tras salir del coma, estuviste ingresado?

Mi recuperación fue extraordinaria, casi una semana después de despertar empecé a hablar, y dos semanas más tarde mis brazos y mis piernas empezaban a moverse, y empezó mi rehabilitación. Tuve que aprender a caminar, a mover los dedos de las manos.  Y, tan solo siete semanas después de entrar en aquel hospital en pésimas condiciones, salía por mi propio pie sostenido por los brazos de mis padres tras solicitar un alta voluntaria.
 

¿Qué le dijeron a tu familia mientras estabas en coma?

Fue un momento muy difícil pero Dios puso la suficiente fortaleza en ellos, cuando les propusieron desconectarme y donar mis órganos, pues las posibilidades de recuperación eran mínimas. Afortunadamente para mí, mi familia no perdió la fe, aunque el panorama era desolador.
 

¿Qué le dijeron a tu familia cuando despertaste?

Las palabras de los médicos a mi familia literalmente fueron: "no entendemos cómo ni por qué ha despertado tan pronto". En un primer momento los médicos no sabían cómo llamar a esa recuperación y evitaban la palabra milagro. Finalmente cuando hablaron conmigo reconocieron como, definitivamente, la fe me impulsó a salir adelante. Ojalá tuviese la oportunidad de hacer saber que aún hay esperanza a aquellas personas que atraviesan situaciones difíciles dentro de un hospital.
 

¿Cuántas operaciones te han hecho y en qué zonas de tu cuerpo?

En la primera operación de aquel día me quitaron una parte del cráneo de la zona derecha, un mes más tarde me pusieron una placa en la clavícula rota derecha, siete meses después me reconstruyeron el cráneo con varias placas de titanio, dos años más tarde me quitaron la placa de la clavícula, y la quinta y última operación fue hace poco más de un año para extraerme un pequeño bulto en la ingle que se había formado por el golpe.
 

¿Tienes revisiones periódicas?

Durante los tres años posteriores tuve revisiones periódicas ya que la cicatriz del cerebro me provocaba ataques epilépticos y, tenía que seguir un tratamiento, que finalmente sanó esa cicatriz poniendo punto final a esos ataques en 2014.
 

¿Cuándo regresaste a los terrenos de juego?

Casi dos años después de aquella fecha, los médicos me dijeron que podía volver a jugar fútbol, aunque con precaución, y durante el primer partido me desplomé a consecuencia de un ataque epiléptico. Desperté en el hospital como en otras ocasiones. Debía de tener paciencia, mi cerebro aún seguía cicatrizando.
 

¿Qué sentiste al volver a tocar un balón de nuevo?

La verdad, es muy difícil describir ese momento. Es increíble estar de pie con un balón delante, a punto de echar a correr, sabiendo que hace tiempo atrás no podía caminar. Son esos momentos que no tienen precio y que muchas veces pasamos por desapercibido. Para mí un simple paso es una victoria y un gol es la gloria. Para ser sincero, sentí como un par de lágrimas quisieron brotar de la felicidad.


¿Cómo afectó a tu grupo de amigos, que forman el Estudiantes, la trágica cogida que sufriste?

Mi equipo, mi familia, la noticia los destrozó como a cualquiera y las expectativas acerca de mi recuperación no alentaban, pero supieron reaccionar y levantar oraciones. La fe se contagió del uno a otro y decidieron confiar en un milagro, y no se equivocaron.

La verdad es que nos unió más aún, y ahora nuestro equipo tiene un valor más grande, porque apreciamos verdaderamente nuestra salud y lo afortunados que somos al estar de pie.


¿Quieres agradecer a algún médico u hospital cómo te trataron y tu recuperación milagrosa?

Mis agradecimientos son infinitos con cada uno de los profesionales que forman parte del hospital Universitario Miguel Servet, su buen hacer y el buen trato a cada instante condujeron mi recuperación a buen puerto. Con cada operación, con cada revisión, con cada tratamiento, con cada palabra, mi corazón nunca, nunca los olvidara, en especial al doctor David Fustero, quien llevó mi caso de principio a fin.
 

¿Llevas una vida completamente normal? Si es así, ¿desde hace cuánto?

Sí, mi vida es completamente normal desde septiembre de 2014. Al recibir el alta total, ya puedo conducir, trabajo, estudio en la Universidad, juego al fútbol (pero prefiero no cabecear), y vivo normalmente. Aunque me quedó un leve pitido en el oído derecho, que seguramente sea de por vida. Ya no molesta, lo llevo bien.


¿Cambia mucho tu forma de ver la vida antes y después de un accidente de este tipo?

Definitivamente, ahora pienso las cosas dos veces antes de hacerlas. Ahora se que lo más valioso que tenemos es la salud y, hoy en día, predico en una pequeña congregación sobre lo que Dios puede hacer en nuestras vidas. Procuro vivir cada día y hacer conocer a la gente que siempre hay esperanza.


¿Echabas de menos jugar a fútbol sala? ¿El deporte es algo que os une, más si cabe, a vuestro grupo de amigos?

Claro que sí. Desde la ventana del hospital podía ver un patio de instituto, donde los chavales no paraban de jugar fútbol. Yo deseaba estar entre ellos, y ahora es una realidad, ya puedo correr y marcar goles como ellos. Soy muy feliz jugando.

El practicar un deporte no solamente es sano sino que te aparta de vicios que no hacen otra cosa que dañarte en varios aspectos de tu vida. Además practicando este tipo de deporte, siempre refuerzas más ese lazo de unidad con quien lo practicas. El fútbol nos une.


¿Tienes recortes de prensa del día siguiente a la cogida?

Si, algunos conocidos guardaron periódicos, grabaron la noticia al aparecer en varios canales de televisión. Es bastante impresionante.


¿Has vuelto a ver la cogida?

Si, personalmente un escalofrió recorre mi cuerpo al visualizar ese instante.


¿Crees que hubo algún medio que debía haber tenido más tacto con lo que te sucedió?

Bueno, pienso que sí. Aunque entiendo que se limitaban a contar la realidad de la situación, podían haber tenido más tacto y dedicar alguna línea para alentar a mi familia.


¿Hay algún medio de comunicación que tratase la noticia con más respeto?

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de ver una página web, donde alguien escribió sobre mi cogida, y más allá de hablar sobre mi estado, animaba a mi familia. Y lo que más me impactó fue que no usaron una fotografía de la embestida o de cuando estaba inconsciente, sino que en la fotografía que publicaron se me ve disfrutar de aquel día poco antes de lo sucedido. Me alegra saber que hay medios que trataron esto con suma delicadeza


Cualquier cosa que quieras añadir...

Sí, me gustaría destacar el coraje de Marcelo y Jannet, mis padres, quienes me alentaron día a día. Les agradezco por tanto amor, y agradezco a Dios por mi familia, amigos y todas aquellas personas extraordinarias que han estado a mi lado de principio a fin.

Y espero también, que cualquier persona jamás se dé por vencida por muy malo que sea su diagnóstico. He podido conocer de primera mano el poder de la fe en Dios. Espero que mi testimonio sirva de ejemplo para otros, aún podemos marcar más goles a la vida.

Muy agradecido a este medio por darme la oportunidad. ¡Muchas gracias!

 


Ronny, el segundo por la izquierda, con su equipo de fútbol sala "Club Estudiantes"

La alegría de saber que este chaval se recuperó, aunque con mucho tiempo, de aquella brutal cogida, es enorme. Su relato, pone un nudo en la garganta. Es una historia que hace pararse a pensar y deja poso. Sinceramente, no sabría calificarla categóricamente. Para algunos será sobrecogedora, para otros emocionante, para otros será de poner los pelos de punta. Una historia, que lo que sí que está claro, es que merecía la pena conocer.

Y en lo personal, llena de orgullo que, vía whats app, le hiciera llegar a mi hermano, tras leer lo que se publicó en esta web, este mensaje para mí:

Hazle llegar mi agradecimiento a tu hermano y admiración por su ética, ya que no buscó el morbo en esa noticia si no todo lo contrario, son palabras de aliento que ayudaron sobre todo a mi familia.

 

Se pueden sacar muchas lecciones de cómo afrontar la vida, con la historia de Ronny.

Víctor Manuel Giménez Remón



    Página publicada en Zaragoza a 1 de Abril de 2006
    Responsable de la página: Víctor Manuel Giménez Remón
    Correo electrónico: festejos@festejospopulares.net