Se ha empezado a poner un cronómetro en los Concursos de Recorte Libre importantes, que no de Recortadores. Repaso de historia una vez más para los que lo desconozcan. Los Concursos de Recortadores son aquellos en los que se compite por parejas y se intenta meter anillas en los cuernos de las reses. La disciplina en la que se compite individualmente sujeto a valoración de un jurado, debe denominarse de otra manera. Recorte Libre o Recorte Artístico sería lo correcto. Dicho esto, con la pedrada de siempre, vayamos a ver cómo se puede mejorar esta disciplina competitiva, que es la que más público lleva a las plazas en todo el territorio nacional, dentro del festejo popular.
Se han dado cuenta de que el espectáculo tenía un
metraje excesivo. Los concursos con seis astados venían a durar cerca de
tres horas. Eso es demasiado por bueno que sea el espectáculo. De la
misma manera que la empresa líder está a la vanguardia en mejorar todos
los formatos de todas las disciplinas, como así lo hizo también en el
recorte libre, habrá que hacerlos también responsables de estos festejos
de tanta duración. Ellos son la referencia y a los que se copia en
formatos, músicas, puesta en escena y competiciones. Por
ello marcaron la tendencia hace años ya. Pero son demasiado largas las
presentaciones y lo que envuelve al producto. En busca de un espectáculo
mejor, Toropasión ha acabado en una espiral viciada. Parece que se han
dado cuenta. No puede ser que venga a durar media hora por toro. Y
hombre, decir que dura menos, habiendo cinco toros y no seis, es hacerse
trampas al solitario. Todavía hay que meter más la tijera. Sobran
muchísimos saludos y peticiones de aplausos.
La mayor revolución viene por el tiempo para cada
suerte. Minuto y medio desde que se coloca el toro. Servidor sería más
radical. El minuto y medio debería contar desde que acaba la suerte el
anterior participante o tener solo un minuto desde que el toro está colocado.
Otra opción es que cada participante disponga de un minuto por suerte.
Todo tiempo que no utilice, lo podrá usar en las suertes posteriores. Pero
bueno, quizá esto se verá más adelante. De momento, bienvenido
cronómetro. Ha venido para quedarse y mejorará los concursos.
La primera vez que servidor lo ha visto en vivo ha
sido en Castellón. Muy buenas impresiones. En Castellón, en el
Campeonato de España de Recorte Libre. Ese
certamen que celebra Toropasión desde 2003. Sí, el Campeonato de España
es el que hace esta empresa. No es ningún otro. Ellos fueron los
que lo crearon hace más de veinte años. Por muy maño que se sea, no se
puede pretender que sea el concurso de Zaragoza, porque nunca lo fue. Ni
siquiera lo fue todas las ediciones que estuvo Toropasión gestionando La
Misericordia. Tan solo de 2012 a 2017. Antes de estar ellos en Zaragoza
nunca lo fue, tampoco después, obviamente. Por muy cachirulero que se
ponga alguno o diga lo que diga un cartel, la realidad es la que es.
Lo del crono hace que se haga memoria y se vuelva
a 2008. Esto ya lo recogían las normas del Concurso de Cortes del Pilar
de Zaragoza. Aquellas normas decían:
Si un participante se demorase excesivamente en ejecutar su acción, se
le daría un margen de 30 segundos para intervenir, si transcurridos esos
30 segundos, no hubiera realizado ninguna suerte, automáticamente le
correspondería entrar al astado al siguiente recortador, perdiendo el
anterior su turno.
De aquellas normas, ya se copió hace años la obligatoriedad del recorte
por ronda. Quien quiera verlas completas, siguen publicadas en este
enlace:
https://www.festejospopulares.net/noticias/2008/normas_cortes.htm
Por aquel entonces, lo del crono no se hacía
necesario. Los concursos eran mucho más dinámicos. Menos envoltorio y
más contenido. Las lidias eran infinitamente mejores. Por supuesto que
ahora las suertes en cuanto a ajustes son mucho más pulidas. Pero hay menos
lidia y muchos menos recursos. No hace tanto (o quizá ya sí hace mucho,
que los años no pasan en balde), se entraba al toro donde quedaba de la
suerte anterior. Según salía de su intervención un participante, el
siguiente ya estaba en la arena dispuesto a ponerse delante. No puede
ser que después de la suerte, el siguiente de media vuelta al callejón,
para salir por el punto diametralmente opuesto para darse un paseo hasta
llegar al tercio. Si sumamos todos esos tiempos perdidos en un concurso,
nos asombraríamos de los minutos que hay sin que pase nada.
¿Cómo puede ser que a los toros de ahora, al que
más, con mucha fortuna, se le receten quince suertes? La mayoría se
quedan entre ocho y doce. Antes era muy común ver más de veinte suertes
por toro. ¿Qué pasa ahora? ¿Que los toros son peores? Pues no, porque
encima se están echando mejores toros que nunca a los concursos.
Descastamiento al margen de la cabaña de lidia, que eso daría para
amplio debate, los toros no son peores ahora. Simplemente es que se les
lidia de manera horrenda. De salida se le pegan carreras de más. Por costumbre, a cerrarlos al burladero.
Para ver dejar un toro en el tercio tienen que pasar meses. Se
les hace que rematen tropecientas veces porque tienen que salir girados
hacia un lado en concreto, si sale al revés, ya no nos vale. Nos echamos
para atrás y desperdiciamos una arrancada. Y
luego queremos que salgan galopando levantando una mano. Claro... Los
que hacen eso, normalmente están padreando en las ganaderías.
A la hora de valorar las suertes,
lo ideal sería
que hubiera un reglamento técnico que marcara los parámetros a valorar y
las puntuaciones que corresponderían en función de cómo se realice la
acción. Como eso no existe, ni tiene pinta de que vaya a existir en un
futuro cercano, habrá que intentar ajustar lo que se tiene ahora. El
problema viene al puntuar ciñéndose solo a lo que sucede en el embroque.
Volvamos a aquellas normas de 2008 de Zaragoza. Esto decían a la hora de
valorar cada suerte:
El jurado decidirá la puntuación según
DECISIÓN: a la hora de hacer la suerte, sin demoras
excesivas.
EJECUCIÓN: tiempos bien determinados (cite, embroque,
salida).
LIDIA: por ambos pitones y terrenos.
Un embroque sublime, si viene precedido de varias intentos fallidos,
tiene que valer menos. Dos recortes de ocho y nueve, uno por cada pitón,
tienen que valer más que dos de nueve por el mismo. Si se han necesitado varios intentos para hacer
una suerte de nueve sobre diez, tiene que valer menos que quien ha hecho
una suerte a la primera de ocho sobre diez. Además el que tiene varios
intentos fallidos ha perjudicado al espectáculo, al toro y a sus
compañeros. Es verdad que esto, el cronómetro lo va a paliar.
Y esto enlaza con las maneras de puntuar. El dar puntos es un peligro
que tiene importantes lagunas. Los fríos números no recogen de manera
correcta lo que sucede en la arena. Los matices deben influir. Vayamos a
ejemplos prácticos. Toro de dos rondas. Al participante A, en su primera
suerte se le concede un 7 de 10. Y al participante B se le concede un 10
de 10. El participante A, en su segunda suerte, tira de raza, hace una
suerte de un compromiso que no se puede imaginar y hace algo increíble.
Se lleva otro 10 de 10, cuando su suerte merecería una valoración
superior al 10 anterior. Digamos que sería de 12 sobre 10. Llega el
participante B y obtiene un 8 sobre 10 en su segunda tentativa. La suma
del participante A será 17 y la del B será 18. Pasa el B. Pero la
realidad es que el A merecería pasar. Una vez puestos los puntos,
obviamente no se va a bajar la puntuación del primer 10. Entonces, se
está siendo injusto porque se ha dado el 10 demasiado pronto. Esto pasa.
También tiene solución esto, vuelta a 2008. Esto decía:
CRITERIOS DEL JURADO:
El jurado valorará las distintas suertes en este orden
de importancia:
Primero recortes, segundo quiebros y tercero saltos.
El jurado determinará de forma consensuada quien deberá
pasar a la final.
Es mejor un consenso entre los jurados. Ordenar de mejor a peor las
actuaciones de los participantes. Es mejor que sumar puntos. Aquí no se
va a ser populista y decir que se dan los puntos en función de quién. El
árbitro nos roba y el profesor me tiene manía. Que no. Que es todo más
simple. Tienen un criterio, otra cosa es no estar de acuerdo con él.
Esto es lo que hay en una competición en el que la valoración es
subjetiva. Menos hooliganismo, por favor.
En 2008 el Recorte Libre era otro. Se sigue creyendo firmemente que la
suerte que más se debe valorar es el recorte, porque es en la que más se
lidia. Es la suerte fundamental del festejo popular. Ahora bien, hay
quiebros que tienen un mérito brutal. Y se están haciendo ya saltos de
un compromiso bestial. Quiebros de rodillas incluso reversos de hinojos.
Rondadas de helar la sangre. Esto tiene que ser valorado. Y ojo que
ahora ya un salto del ángel parece algo sencillo. El público de esta
disciplina es una trituradora. Va a tardar poco en ver como normal una
rondada y dejar de llamarle la atención. Seguirá teniendo el
mismo mérito, pero ya no será novedad. Si hace años nos dicen que se
iban a hacer rondadas de ejecución perfecta a toros limpios sin
arrastre, hubiéramos dicho que no podía ser. Mención aparte tienen
suertes nuevas que no eran imaginables, como por ejemplo el salto mortal
invertido en carrera hacia delante que ha aparecido recientemente. Una suerte en la que
se mide la
embestida del toro, se controla y se salta de manera lucida con gran
compromiso. Tiene muchísimo mérito.
El control de las suertes, ese gran desconocido. Aquí siempre se será
del que arriesga sabiendo lo que hace y teniendo el mando de la suerte.
Con el máximo respeto al que realiza suertes de moneda al aire, faltaría
más. Pero ponen su vida en manos del azar. Eso no es ser "bueno".
Normalmente, los que realizan suertes así, no duran mucho en el
circuito. Los toros acaban pegando fuerte. El público en masa de esta
disciplina carece de cultura taurina. Sería bueno educarlo para que
sepan diferenciar en un quiebro al que cambia la dirección de la
embestida y ajusta lo que él quiere, del que se aparta en el último
momento de la vía del tren. De la misma manera que en el recorte se
puede tener más mérito ajustando menos pero dando la ventaja al toro,
que un embroque que toque la camiseta, pero que se ha ido por delante
del toro tirando de ventajismo. Que se consiga diferenciar el mortal
invertido del tirabuzón, se antoja harto complicado cuando no lo saben
diferenciar la mayoría de los que están dentro del mundillo.
Ahora bien. Todo esto está muy bien en lo académico. Tener claros los
conceptos. Pero esto es un festejo taurino y aquí siempre habrá algo que
sea imposible de valorar y que hace que la tauromaquia sea maravillosa.
El componente emocional. La superación de un hombre sobre la bestia.
Desde que vuelva mermado de una cogida, hasta actuar con una cornada,
pasando por hacer una suerte que no resulte lucida pero que se viera
como imposible. Cuando algo así sucede, también se debe tener en cuenta.
Y aquí ya, no se pueden establecer unos parámetros para valorarlo.
También se sigue teniendo la convicción de que deberían pasar de fase
los mejores independientemente del grupo en el que caigan. Siempre que
haya un sorteo puro y que no haya cabezas de serie o clasificados
ordenados de clasificatorias anteriores, deben pasar los mejores. Como
ya pasó en Zaragoza 2008. Es que a unos les toca el toro bueno y a otros
el malo. El que es bueno de verdad, es capaz de estar bien con cualquier tipo
de toro.
Otro tema importante a tratar es el del micrófono. Servidor no es
partidario de megafonías excesivas. Prefiere la mesura. Es gusto
personal. Se entiende que este tipo de festejos tiene gran parte de
show. Todo tiene su medida. Se echa de menos el estilo sobrio y
didáctico de Ángel Marín. Y fundamentalmente se echa en falta que haya
personalidad en los micrófonos. Ahora hay una legión de imitadores.
Copian el estilo, calcando expresiones y hasta entonación.
Creen que por gritar más y no parar de hablar y soltar tópicos se es
mejor. ¿Y a quién tratan imitar? A Andrés Santander. Se queda en intento
de imitación, obviamente. Eso significa que es la referencia.
Sin duda,
en ese estilo, el número uno. Está claro que hay que quedarse con el
original. Respetos a su trayectoria. El argandeño ha marcado una manera de hacerlo. Porque
fundamentalmente, guste más o menos su estilo, sabe de esto. Cosa que
pocos de los que hablan en las plazas pueden decir que sepan de verdad.
Por cierto, la arena, salvo en casos excepcionales (Castellón lo fue y
fue al acabar), no se pisa. Es sagrada.
Y tema para un artículo propio es el de las puntas de los toros o
novillos. Lo que sí que se debería es dejar bien
claro en los carteles si las reses van a estar despuntadas o no.
Hay sitios que obliga el reglamento, otros que no. El que paga debe
tener conocimiento de si se han arreglado las puntas o no. Y quien dice
arreglar, dice casi dejarlos para rejones, como se ve en algunos sitios.
Volviendo al tema del cronómetro. Costará que los públicos los
entiendan. Se tendrán que adaptar los participantes.
Pero va a mejorar
el espectáculo sí o sí. En Castellón se pudo ver que la mayoría de las
suertes se realizó dentro de los 30 primeros segundos. Es decir,
funcionó. Y eso hace que los mejores destaquen más. Así debe de ser.
Aumenta la presión y eso también beneficia a los mejores. No
es bueno que se difumine al línea que separa a los buenos de los
mejores. Estas normas harán que unos cuántos se queden por el camino. Ya
no serán tan "buenos". Con el complicado no lo verán. El crono se les
echará encima y, o se quedarán sin pasar o pasarán de cualquier manera.
Los mejores nos dejarán suertes en las que habrá improvisación. Habrá
más variedad en terrenos y en ejecuciones. El espectáculo será menos
previsible. Ya no
habrá tanto guión. El toro complicado exigirá más y dejará aún más claro
quién es el mejor. ¿Quiénes son los mejores? No se van a dar nombres
porque seguro que se acaba siendo injusto con alguno que se pueda quedar
en el tintero. Lo que se tiene clarísimo es que los mejores son los que
aguantan años y años en esto en la élite aunque les hayan sacudido
fuerte los toros. Y esos tíos, todos sabemos
quiénes son. Admiración y respeto máximos.
Víctor Manuel Giménez Remón